jueves, 6 de octubre de 2011

Pinceladas en el mar del olvido

Atardecía en aquella playa desierta de esperanza.
Las olas rompían con furia en la fina arena. El bamboleo se asemejaba al palpitar de la sangre que surcaba enérgicamente mis venas y un torbellino de emociones me recorría de arriba abajo sin tan siquiera saber el porqué.
De pronto dejé de mirar al horizonte, dejé de observar el brillo del sol reflejado en las olas, dejé de sentir la brisa que rozaba mi cara, y me sumergí en un universo propio que me alejaba cada vez más de mi propia realidad....
Y en mi mundo empecé a pintar todo aquello que había dejado de observar y con mis dedos esbocé en la arena una sonrisa. Y una nueva ola la borró.
Sin embargo, con su mirada él pinceló mi ser; vio todo lo que yo podría ser sin conocerme, me convirtió en su sueño.
Soñó que éramos dos pájaros blancos de ojos verdes, que volábamos hasta llegar juntos más allá del horizonte de aquél mar, aún más lejos de mi universo.... hasta alcanzar  la simple meta de sostenernos en el aire sin preocuparnos por caer, evadidos de la realidad del resto de los mortales.
Juntos descrubrimos nuevos sentimientos avivados por nuestras sensaciones. Fuimos deslumbrados por el blanco infinito de un mundo lleno de colores.
En su sueño nos transformamos en árboles cuyas hojas, a modo de dedos, se acariciaban, provocando el susurro de las palabras no pronunciadas; de los "te quiero" sin dueño.
La lluvia ayudó al abrazo de las ramas que se entrelazaron para fundirse y formar parte de un solo árbol, de un único cuerpo.
Entonces pude ver en sus vidriosos ojos el reflejo de mi sonrisa, y volví a la realidad, y sentí que podía pisar tierra firme volando desde un mundo soñado.
En la oscuridad de la noche, bajo la luna llena, dos siluetas (tan sólo unidas por su sombra) se alejaron, caminando despacio, manteniendo en su mente el recuerdo de aquel encuentro, con una tímida sonrisa en la boca y en el corazón.
Y, en resúmen, todo fue una mirada, una sonrisa, un abrazo, un adiós y el cuadro de esta historia de dos.

Verónica González Sánchez

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