lunes, 5 de diciembre de 2011

Y tú... cómo serás de mayor?

Con éste título nos dió la entrada Ignacio, uno de los profesores del curso de Monitro Sociocultural que estoy haciendo, para un trabajo que consistía en escribir un relato en el que nos visualizáramos de mayores.

Como me ha gustado el resultado os lo enseño, que así también podeís conocerme un poquito mejor. Espero que os guste y disfruteís de la lectura ;)

A pesar de éste frío invernal que resiente mis viejos huesos, hoy me he levantado  con la cara, llena de arrugas que denotan el paso del tiempo, iluminada por el sol que se filtra por la ventana.

En esta vieja casona de campo la vida se ve diferente, me siento satisfecha con la decisión tomada hace ya casi veinte años (y parece que fue ayer) de venirnos aquí, de alejarnos de la siempre ajetreada ciudad…. Pues al huir del bullicio volvimos a escuchar nuestros pasos en cada paseo; al dejar de ir siempre cargados de bolsas, pudimos volver a cogernos las manos; al no tener publicidad y escaparates por doquier, volvimos a mirarnos a los ojos…

Y mientras el mundo se desbarata, nosotros (mi marido, mis hijos y mis nietos) construimos en cada efímero segundo un hogar lleno de paz, de amor, de calidez humana, de sonrisas y alegrías que hacen que los primeros años llenos de sacrificio, de concienciación, de aprender cómo autoabastecernos, de cómo no necesitar más que la compañía de aquellos a quienes amamos, y nos dan  la vida, más que lo que la tierra, nuestra granja y nuestro adorado Mediterráneo nos proporcionan… sean recordados con una leve sonrisa de complicidad.

Hemos aprendido cómo fabricar nuestras propias ropas, nuestras propias herramientas, nuestros muebles, los pigmentos para seguir pintando… pero eso no ha sido lo difícil, lo complicado fue desaprender todo lo que la sociedad nos impuso como necesario, e inculcar a los nuestros los valores que ahora toman orgullosamente como propios.

Y a estas alturas de la vida, a las puertas de éste, mi último paso definitivo, me replanteo si habré hecho lo suficiente, si habré dado suficiente amor.

Quisiera que me recordaran no por mis obras, sino por los sentimientos que conseguí despertar en los que las contemplaron.

Y quiero que mi familia no sufra tras mi muerte, pues me voy contenta, sintiéndome plena por todo el cariño que siempre me han dado, sabiendo que siempre he hecho lo imposible por todos y cada uno de ellos, y que aún seguiré dándoles mientras tenga los  pies en este mundo. 
 
Por eso hoy, voy a cocinar para todos con más alegría aún si cabe, y después empezaré un nuevo cuadro, acabaré ese viejo libro y cuando el sol caiga, me arroparé con una manta y cogeré a mi marido de la mano, mientras recostados en el sofá vemos una comedia que alegre nuestras almas.

Verónica González Sánchez

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